| Un
reino que cabe en el ojo de una aguja
En
la periferia de una ciudad llamada Habana, existe un pueblo del
que los mapas se olvidaron, o tal vez los cartógrafos no
encontraron el color apropiado para identificarlo, el reino de Bejucal.
Un lugar tan real como maravilloso. |
| Tras
la cordillera que baña de verde esta villa se alistan casas
de muchos colores, clásicas columnas, las bellas rejas coloniales
o los horribles enrejados de los que temen que les roben el video,
tejados que manchan de rojo las patas de los gatos y la misma torre
la de todos los paisajes bejucaleños "La ciudad de los
niños" la pintada por todos los pintores del pueblo. |
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| Calle
que siempre te invitan al mismo lugar, al parque de los framboyanes,
donde siempre están todos, los niños, los perros, Xiomara
la loca, siempre girando, coches tirados por caballos embutidos por
lanzadores de gritos mejicanos, coches lujosos de ex cubanos, los
autóctonos travestis, los borrachos, mi amigo el poeta, las
hijas de Ochun de las que no puedes apartar los ojos, y tantos fantasmas:
Mirta Cerra, la macorina, Felix Pita Rodríguez, Lázaro
Sayas desnudo en sus discursos, Andy Garcia, Carlos Días, Mederox,
el tiempo es el único que duerme mientras sus mágicos
habitantes con la inquietud apacible que los caracteriza siguen sacando
de sus sombreros conejos. |
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